3 de diciembre de 2012

Sumisión.

El tiempo vuela, bate sus alas con ímpetu para alejarse de su punto de partida. Se marcha buscando paz, sabiduría y experiencia y no descansará hasta tocar definitivamente su objetivo, el límite, que al alba todo el mundo teme y al atardecer todo el mundo desea, como una gota de agua fría en pleno verano. Esto nos enseña que no nos podemos despistar y calcular mal. O llegaremos al final de nuestra existencia arrepintiéndonos de no exprimirlo al máximo. Por que la vida es un sueño, y dura como tal: un instante.