Soy
débil, me gusta ser débil. Adoro flaquear y disfrutar de esos momentos con
sabor a pasado. No debería, tengo que olvidarme. No. Yo elijo, yo decido y,
sobre todo, quiero. No sentiré culpa por disfrutar de esos pequeños momentos
que me pertenecen por derecho, son legítimos. Sin pensar, sin hablar, sólo
dejarse llevar por la vorágine de sentimientos que azota mi mente: la pequeña
ración de felicidad que me corresponde en el presente. Ya habrá tiempo de
arrepentirse.
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